Día LVI
Día 29 de agosto del 2.061 a las 6:30 a.m.
El día se ha despertado extrañamente silencioso, sin apenas
ruidos extraños o temblores, casi parece que algo nos este
observando, pero no quiera delatar su posición, haciendo de este
silencio, algo incomodo. El resto de los hombres y pleyadianos,
tambien lo piensa asi, teniendo que ir con cuidado, ya que no sabemos
lo que nos vamos a encontrar en el camino que nos llevara hacia el
Oráculo. De repente, empezamos a oír unos sonidos parecidos al de
las aves, pero mas graves que estos, es como si alguien estuviera
intentando imitar el sonido del trino de las aves. En ese momento, mi
abuelo empieza a sonreír, parece que el reconoce ese sonido y
dice:”Tranquilos amigos míos, no temáis, solo son unas aves, un
tanto peculiares, que están durmiendo plácidamente. Nieta mía, no
temas, son aliados, como tantas bestias que tanto tu, como tu padre,
habéis ido encontrando en estos lares y mas allá de estas montañas.
Veréis, todas esas bestias son, en realidad, ademas de ser hijas de
los que llamáis vuestros “dioses”, que son mis hermanos, son
pleyadianos, son guardianes del naturaleza, es decir, ellos vigilan
que ninguna bestia orionita, intente perturbar el equilibrio
natural”.
Entonces, al oír eso, me impulsa a preguntar:”Entonces ¿Que me
dices de Lerapena, la traidora?”. Con esa pregunta, a mi abuelo se
le cambia el rostro y me responde:”Nieta mía, esa mujer de la que
me hablas es un intento que tuvieron sus padres de encontrar la paz
entre los dos pueblos, es decir, al igual que Abaddon, su hermano,
era un cruce de ambos pueblos, de nosotros, los pleyadianos, y de los
orionitas. Pero nosotros sabíamos que ellos tenían mas sangre
orionita que pleyadiana. Aunque te haya dicho ella que es nuestra
hermana, en realidad, no lo es, es de nuestras hijas, al igual que tu
padre y tu madre, solo que tus padres, son la unión entre humanos y
pleyadianos. Los únicos que somos hermanos, realmente, somos los que
vosotros llamáis “los ocultos” o los maestros. Pero sabemos que
una persona que nacerá de tu linaje, es aquella que tendrá el
suficiente poder como para tener el sable de plasma negro, que sera
el Aer-Ghyacus, un ser de poder indescriptible, incluso mayor que el
de cualquiera de nosotros de los pleyadianos”.
De repente, allí aparecen unas viejas conocidas mías y de mis
padres, Morghegera y Lergheya, y nos dicen:”Hermanos e hijos míos,
debemos avanzar, puesto que, si queremos derrotar a los orionitas de
una vez por todas, debemos llegar a el Oráculo de Delfos cuanto
antes, allí nos espera un punto crucial para la guerra definitiva
contra ellos”. Eso nos hace sobrepasar el acantilado lo mas pronto
posible. Aunque algo de todo lo que me han dicho, me hace pensar que
la presencia de Lerapena esa vez, era producto del miedo, y de que
algo me hizo rendirme y replegarme en el valle del Megido, debía
llegar a este momento, donde humanos, y pleyadianos, se uniesen como
hermanos cósmicos, para derrotar a los orionitas. Cuando cae la
noche, llegamos a la frontera con Grecia. Mañana seguiré.