Día CX
Día
20 de octubre del 1.861 a las 4:30 a.m.
Nos
hemos despertado varias veces en la noche, se que debería estar
durmiendo unas horas mas, pero los asientos del tren, los ruidos que
se suceden dentro del mismo, y las palabras que, tanto Rosier, como
Astartea, nos dijeron, aun retumban en mi cabeza. Mi mente, ahora
dominada por el insomnio, empieza a formular todo tipo de teorías,
desde las mas ligeras y bonitas, hasta las mas oscuras y tétricas.
No se en que creer, unas veces pienso que tuvieron alguna discusión
fuerte entre hermanas, y que Rosier se siente culpable por eso, o
que, la misma Rosier, tuvo algo que ver con el secuestro de Kristine.
Mientras escribo esta lineas, torpemente escritas por mi cuerpo
exhausto del día anterior, pienso en como estaremos alterando los
acontecimientos, en que si fue buena idea volver a este momento del
tiempo, pero estamos en una misión, nuestra misión, y debemos
terminarla, no solo por la guerra, tambien por nuestra familia,
necesita paz en su sangre, necesita que, sus manchas, sean limpiadas.
Esto, lo hacemos por la familia Brennan, por la familia Coleridge,
nuestra familia.
Ahora
esta amaneciendo en el tercer día que llevamos aquí, miro a mis
compañeros de viaje, a mi hermano, a mi marido, a Rufus Svensson,
ellos ahora duermen, mientras yo velo su sueño, creo que hoy me iré
mas temprano a dormir. El primero que se despierta es mi hermano,
aunque, al parecer, tampoco durmió mucho, tal vez se despertaría
cuando yo estaba durmiendo. Luego, mi marido, quien tampoco tenia
signos de haber dormido especialmente mucho. El ultimo, Rufus, el
durmió algo mas que nosotros, por lo que se ve. Nos vestimos, y nos
fuimos a desayunar, algo fuerte, para aguantar todo el día
despiertos, ya que no habíamos dormido mucho. Mientras desayunamos,
se acercan Rosier y Astartea, la cual dice con tono casi
autoritario:”Hermana,
diles lo que querías decirles, pero que el alcohol te impidió”.
Entonces, Rosier, presa de la vergüenza y la pena, nos confiesa con
voz temblorosa:
”Vereis,
yo oí a Lerapena, a Morghegera, a Andromeda y a Abaddon, un día en
una taberna de Salzburgo a la que solia ir yo para captar a nobles
para seducirlos, que iban a secuestrar a mi hermana, a Satanachia. No
se como era su plan, pero a quienes se les veía mas entusiasmados,
eran a Andromeda y a Abaddon, las otras, solo asentían de forma
sumisa. Me siento culpable por no decírselo a mi madre, si no, ahora
mi hermana, estaría aquí. ¡Soy una estúpida por tener celos de mi
hermana!”.
En
ese momento, rompe a llorar y nos levantamos los tres, mi hermano, mi
marido y yo, y la abrazamos y la decimos que, cuando rescatásemos a
su hermana, y nos encontrásemos con Belial, les explicaríamos todo,
y que ya vera como, al final, ellos la perdonaran. Seguimos el
trayecto, aun nos quedan unos días antes de llegar a Viena, son los
inconvenientes de ir en los trenes de esta época. Mañana seguire.