Día CXXIX
Día 9 de noviembre del 1.861 a las 6:30 a.m.
Seguimos en este tren camino a Lucerna, estamos ya hartos de
tanto tren. Ahora mismo, mientras mi hermano y mis padres despiertan,
estoy recordando como era mi vida, como era todo, antes de que
llegásemos a esto, a tener que variar toda la historia de nuestras
vidas pasadas, para solucionar lo que en nuestro tiempo, nos
atormenta, y no puedo, ya no la recuerdo como antes. Todo es mas
calmado ahora, en mis recuerdos. La guerra comenzó mas tarde, y los
sucesos que relate al principio del mismo, nunca sucedieron. Si que
sucedió la posesión de mi hermano por parte de Abaddon, pero
consiguió sacarlo el solo de su cuerpo, sin la ayuda de su abuelo,
de su padre y mía. Mis padres, que antes parecían unos ancianos
cuando terminaron las guerras siobhenas y abaddonitas, ahora están
mas animados, como si todo el poder de Abaddon, con nuestra
intromisión en este tiempo, lo hubiera mermado. Tomo un espejo, y me
miro, he cambiado, ya no aparento ser ya casi una anciana por la
guerra, ahora aparento la edad que tengo, la guerra no esta
afectándome tanto, esta siendo mas ligera. Lo único que me mantiene
aquí, es el diario, mi diario, este que estarás leyendo tu ahora,
aunque cuando vuelva, y lo lea, todo me parecerá extraño.
Estamos yendo a unas cuevas, que no se lo que nos encontraremos
allí, solo se que ya no nos podemos echar atrás, nos lo hemos
prometido Sheamus y yo, y nuestros padres que, por cierto, ¿Como nos
apellidamos? Para mi, el apellido Brennan, ahora me suena a una de
las tantas identidades que hemos usado aquí, en este tiempo. Cuando
se levanta mi padre, le pregunto:”Papá, ¿Como nos
apellidábamos?”, el me responde:”Coleridge, nos
apellidamos Coleridge, ¿Por qué lo preguntas?”, yo que le
digo que por nada. Lo sabia, William y Elizabeth, volvieron a estar
con sus hijos, nuestros antepasados, Edward y Catherine, y ya no se
apellidan como sus tíos, Brennan, sino que siguieron usando el
apellido Coleridge. El curso de la guerra, en nuestro tiempo habrá
cambiado, pero cuando volvamos, quiero asegurarme de como están mis
hijos, que según recuerdo, los tuvimos mi marido y yo mas tarde de
lo que relato al principio de este diario.
Estamos a pocos días, tal vez uno o dos, de llegar a Lucerna, sino
hay nevadas en el camino, que entonces serian mas días. Cuando
lleguemos, alquilaremos alguna pensión allí, para poder explorar
las cuevas con tranquilidad, ya que dudo que esos malnacidos de los
siervos de Abaddon, nos hayan seguido. Estarán cuidando de sus
líder, mientras buscan la forma de que nos nos acerquemos mas a
ellos. Incluso, por lo que pienso ahora, ni estarán buscando a la
pareja demoníaca, simplemente estarán reorganizándose, puesto que,
el golpe que dimos en ese convento, no será tan fácil de
recuperarse, hemos atacado a sus principales lideres, unos lideres
que ahora están postrados en una cama, curándose. Aunque pienso,
que no se curaran rápido, porque esas heridas no son hechas por un
arma, son hechas por poderes que son mas fuertes que todo el acero
del mundo, junto. Mañana seguire.