Día CXXXVII
Día 17 de noviembre del 1.861 a las 6:30 a.m.
Hemos salido ya de Lucerna, ya nadie puede seguirnos, no
saben donde estamos. Para ellos, nosotros ahora somos fantasmas,
fantasmas que vienen de un futuro que les es aun muy lejano. Estoy lo
estoy escribiendo mientras el resto de mi familia se despierta. Que
lejos estoy de mi hogar, ahora ni existiría. Deseo volver a ver los
verdes prados de Irlanda, de mi casa. Deseo volver a ver a mis hijos,
y disfrutar con ellos. Pero se que aun no puedo, ahora estoy en un
tiempo que no es el mio, un tiempo que, para mi, es extraño y
hostil. Estoy tomando un bizcocho, mientras saboreo un te verde que
me han servido en el servicio de las habitaciones de este tren. Veo
como aun rezuma el vapor del agua en la tetera, lo que es señal de
que aun esta caliente el te. Se que esto que escribo, tambien lo
escribo muy melancólica, pero el ver cual es nuestra misión real,
me ha hecho ver tambien el valor de las cosas sencillas de la vida,
donde el orgullo y el odio, no tienen cabida en ellas. El estar con
mi familia, el ver como mis hijos corretean por esos prados por lo
que yo corretee alguna vez de niña.
Estoy mirando por la ventana, y veo como las montañas cada vez se
hacen mas pequeñas, signo de que ya estoy dejando los Alpes atrás,
pero siempre estarán en mi memoria. Ahora mi familia se levanta. Mis
padres, ya mayores, aunque se conservan bien para la edad que tienen,
me dan los buenos días. Mi hermano, como siempre, se levanta sin
decir nada, se nota que somos gemelos. Si habéis odio bien, al
cambiar esos hechos del convento, tambien alteramos nuestros
nacimientos, el de mi hermano y mio. Ahora somos los gemelos Shannon
y Sheamus Coleridge, dos hermanos que siempre han permanecido juntos,
hasta cuando me case con Henry, y el con Helena, los cuatros nos
fuimos a vivir juntos en una sola casa, casi criamos a nuestros hijos
en esa casa. Pero, por diversos motivos, tuvimos que irnos a vivir a
casas separadas. Uno de ellos fue que nuestros padres nos designaron
como senescales regionales. A mi me tocó la senescalía de
Dinamarca, por proximidad a mi familia política, los Svensson, y a
mi hermano, la de Francia, por su esposa. Así que nos tuvimos que
separar.
Nos reencontramos en la ceremonia de coronación de ambos, ya que
yo, con mis dotes políticas, conseguí cambiar el sistema y que se
pudieran tener hasta cuatro grandes maestres de la orden, dos con
poderes militares, políticos y económicos, llamados Rex
magister, quienes somos Sheamus y yo, y los Dux magister,
que son Henry y Helena, quienes pueden intervenir en las tareas de
toma de decisiones, pero siempre como consejeros, aunque, en caso de
que a mi hermano y a mi, nos pase algo grave, pueden tomar las
funciones de nosotros, asi como unos senescales generales de la
orden. Esto lo hicimos para que no hubiera diferentes partidarios de
uno de los hermanos, o del otro. Ademas, se muy bien que mi hermano
es un líder excepcional, aunque tiende un poco a la belicosidad, es
sabio. Mañana seguire.