Día CXXX
Día 10 de noviembre del 1.861 a las 6:30 a.m.
Nos quedan horas para llegar a Lucerna. En este momento,
desde el tren, observo desde la lejanía, como un valle se nos abre,
es el valle de la ciudad helvética. Al fondo, puedo ver que hay unas
cuevas, de una gran boca, pero que no se puede atisbar, ni por asomo,
el fondo de las mismas. También veo la gran ciudad, aun parece un
simple pueblo, pero conforme nos acercamos mas, mas grande se ve. No
es tan grande a como la recordaba cuando estuve allí de vacaciones
con mis primos. Espera, ¿Como se que estuve allí de vacaciones con
mis primos? Es raro, puesto que apenas fui a algunas vacaciones con
ellos, y la mayoría, porque eran, mas bien, vacaciones de aguantar
sus tonterías, ya sabes, eran primos menores a mi y aun algo
inmaduros. Aun recuerdo lo que hice cuando vine aquí, buscar la
biblioteca mas cercana, y no salir de allí, salvo para ir a comer,
dormir y conocer la ciudad en profundidad. Solo estuve aquí esa vez,
y fue durante un mes y medio, porque nos vinieron a recoger mis
padres. También recuerdo el como, mi hermano, buscaba miles de
formas de enfadar a mis primos para que se estuvieran quietos.
Le preguntamos a un vigilante como se llama el pueblo al que
tendremos que ir, para ir a esas cuevas, el nos dice que allí no hay
ningún pueblo, solo un apeadero de carruajes. Según nos dice, hay
leyendas que dicen que, en esas cuevas, quien entra en ellas, no
vuelve, porque hay espíritus que moran en ellas, que se dedican a
seducir a los valientes que osan entrar en ellas, para unirlos a su
mundo espiritual. Nos dijo también, que no intentemos entrar, porque
no hay forma de salir, nosotros le decimos que no se preocupe por
nosotros, puesto que solo nos pasearemos por los alrededores. Era
mentira, pero viendo su cara de terror al preguntarle, nos vimos
obligados a mentirle. Mientras hablábamos con él, comíamos nuestra
ultima comida en ese tren, puesto que llegaríamos por la tarde a
Lucerna, y luego, nos dirigiríamos a esas cuevas, ya que haríamos
noche a la intemperie, para nada mas levantarnos, ir a investigarlas.
Comimos un poco de queso suizo y de un estofado de carne, muy
grasiento, por cierto.
En ese momento, llegamos a Lucerna, allí, nos espera el carruaje,
nosotros le decimos al conductor hacía donde vamos, él nos dice que
era demasiado tarde, y que si íbamos, pasaríamos la noche allí,
porque él, no volvería hasta por la mañana. Le decimos que
estábamos de acuerdo con sus condiciones, y que así haríamos. En
ese momento, nos subimos al carruaje, y nos dirigimos a las cuevas.
Tardamos unas pocas horas en llegar, puesto que había un camino
directo, sin parar por algún pueblo de alrededor. Esta anocheciendo,
asi que decidimos montar un campamento, y hacer una hoguera. Lo
hacemos dentro de una de las cuevas, y una imagen, se nos descubre
ante nosotros, varias pinturas rupestres en un estado de conservación
impropio, debido a las inclemencias temporales. En ese instante, por
las pinturas que vemos, sabemos que estamos en el lugar adecuado.
Espera, algo nos llama. Mañana seguire.
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