Hoy son las seis y media de la madrugada del ocho de enero del 2.037.
La mañana nos ha despertado con un gran sol que nos puede calentar algo despues de pasar por una noche en las aguas heladas de los mares rusos. Asi que, seguimos nuestra vuelta hacia Irlanda, aunque esta vez, tendremos que atravesar el ahora helado Estrecho de Bering, aunque gracias a Legheya, logramos que el hielo se derrita un poco para poder pasar, sin que nuestros barcos se queden varados. Atravesamos ese estrecho con un poco de dificultad, aunque lo gramos atravesarlo. Pero, por lo que vemos, no lo tendremos nada facil, parece que tendremos que continuar a pie por las estepas rusas, por eso, envio a un emisario a caballo, para que en Suecia, nos preparen un barco para ir a Irlanda.
Ante nosotros observamos un paisaje donde el color que predomina es el blanco, salvo algunos arboles que vemos mientras caminamos, y alguna roca que se levanta desde abajo de estas capas tan espesas de nieve y hielo. Estamos congelados, nos cuesta avanzar, parece como si llevaramos una tonelada de piedras metidas en nuestras botas y que estas hicieran que no pudieramos avanzar con soltura. Nos tiemblan las piernas y las manos, cada bocanada de aliento que soltamos, parece que echaramos un humos frio por la boca. Decidimos que, aunque estemos aun con luz, encender unas antorchas para que nos calienten un poco. En este momento, estamos atravesando las estepas siberianas
Paramos, ya que una gran rafaga de viento se ha levantado, helandonos mas de lo que estabamos. Ahora mismo estoy echando de menos esas sabrosas sopas que mi madre me preparaba cuando era pequeño, y cuando dejaba las mudas de mi hermana y mias cerca de la calefaccion para que cuando nos cambiasemos, estuvieran calentitas en las gelidas mañanas de invierno en Clonmel, aunque nuestro colegio estaba en Cork, a unas horas de alli(Ojala fuera un niño otra vez, con esa vida tan sencilla y libre complicaciones). De repente, se oyen unos pasos que parecen de animales, pero de un animal gigantesco, a juzgar por las vibraciones que hace en el suelo.
Ahora acaba de caer la noche y estamos escuchando con verdadero temor, los gruñidos de esta bestia, que no es animal, se oyen en toda la llanura. Estamos cenando con los ojos bien abiertos, por si acaso se digna a parecer esa bestia. Hemos levantado una empalizada, reforzada con rocas, para que no se caiga por el viento. Cuando el sueño hace mella en nosotros, organizamos las guardias y nos vamos a dormir, yo dormire cerca del puesto de guardia, quiero ser de los primeros en saber si esa bestia se acerca, aunque estoy cansado. Mañana seguire.
La mañana nos ha despertado con un gran sol que nos puede calentar algo despues de pasar por una noche en las aguas heladas de los mares rusos. Asi que, seguimos nuestra vuelta hacia Irlanda, aunque esta vez, tendremos que atravesar el ahora helado Estrecho de Bering, aunque gracias a Legheya, logramos que el hielo se derrita un poco para poder pasar, sin que nuestros barcos se queden varados. Atravesamos ese estrecho con un poco de dificultad, aunque lo gramos atravesarlo. Pero, por lo que vemos, no lo tendremos nada facil, parece que tendremos que continuar a pie por las estepas rusas, por eso, envio a un emisario a caballo, para que en Suecia, nos preparen un barco para ir a Irlanda.
Ante nosotros observamos un paisaje donde el color que predomina es el blanco, salvo algunos arboles que vemos mientras caminamos, y alguna roca que se levanta desde abajo de estas capas tan espesas de nieve y hielo. Estamos congelados, nos cuesta avanzar, parece como si llevaramos una tonelada de piedras metidas en nuestras botas y que estas hicieran que no pudieramos avanzar con soltura. Nos tiemblan las piernas y las manos, cada bocanada de aliento que soltamos, parece que echaramos un humos frio por la boca. Decidimos que, aunque estemos aun con luz, encender unas antorchas para que nos calienten un poco. En este momento, estamos atravesando las estepas siberianas
Paramos, ya que una gran rafaga de viento se ha levantado, helandonos mas de lo que estabamos. Ahora mismo estoy echando de menos esas sabrosas sopas que mi madre me preparaba cuando era pequeño, y cuando dejaba las mudas de mi hermana y mias cerca de la calefaccion para que cuando nos cambiasemos, estuvieran calentitas en las gelidas mañanas de invierno en Clonmel, aunque nuestro colegio estaba en Cork, a unas horas de alli(Ojala fuera un niño otra vez, con esa vida tan sencilla y libre complicaciones). De repente, se oyen unos pasos que parecen de animales, pero de un animal gigantesco, a juzgar por las vibraciones que hace en el suelo.
Ahora acaba de caer la noche y estamos escuchando con verdadero temor, los gruñidos de esta bestia, que no es animal, se oyen en toda la llanura. Estamos cenando con los ojos bien abiertos, por si acaso se digna a parecer esa bestia. Hemos levantado una empalizada, reforzada con rocas, para que no se caiga por el viento. Cuando el sueño hace mella en nosotros, organizamos las guardias y nos vamos a dormir, yo dormire cerca del puesto de guardia, quiero ser de los primeros en saber si esa bestia se acerca, aunque estoy cansado. Mañana seguire.