Día LXXIII
Día 14 de septiembre del 2.061 a las 6:30 a.m.
Hoy sera un día agridulce, nos despediremos de nuestros
padres, para no volverlos a ver, o tal vez si, pero si los vemos, ya
sera en sus últimos días con vida. Ahora son unos ancianos, ya no
pueden sostenerse de pie, si no es con la ayuda de un bastón. Así
que les acompañamos hacia el puerto mas cercano, a El Pireo. Por
suerte ese puerto esta de nuestro lado, digamos que es como un
“asentamiento en suelo enemigo”. Ahora os preguntareis, ¿Como
entonces no desembarcasteis allí, si estaba tan cerca del Oráculo?
Simple respuesta, es lo que ellos esperaban, lo que nuestros enemigos
esperaban. Al ver el barco en el que llegamos al territorio de los
pleyadianos, debieron pensar que íbamos a ir a El Pireo para llegar
al Oráculo. Ellos no se pensaban que atacaríamos Thanatyr, uno de
los mayores bastiones de los egertharaigh en Grecia, de ahí que nos
fuera relativamente fácil el asalto a la fortaleza. Aunque ahora,
deben de estar buscándonos por toda Grecia, ya que, entre ese
asalto, y que nos apoderamos del Oráculo, han sido golpes muy duros
para ellos.
Así que volvemos a la costa, la cual esta cerca. Observo a mi
hermano, y ahora esta muchísimo mas calmado que hace unos días. De
repente, se acerca a mi, y me dice:”No se lo que me habéis
sacado allí, solo se que me comporte gracias a eso, como un estúpido
contigo. Eres mi hermana, y no tendría que haberme comportado asi
contigo, te quiero. Así que, por favor perdóname, no era yo el que
decía esas cosas”. En ese momento, lo abrazo y le
digo:”Tranquilo hermanito, te perdono. Se que no eras tu, y yo
tambien te quiero”. Seguimos avanzando por la costa, nos falta
poco para llegar a El Pireo, lo vemos desde aquí y, como siempre,
esta con bullicio habitual, con sus calles llenas de gente por el
mercado del puerto. También vemos algunos barcos que vienen de
Egipto, algo lógico, puesto que tenemos tratados comerciales con
ellos, otros de Venecia, de nuestra orden. Cuando, mi padre dice,
señalando a uno de los barcos:”Hijos míos, ese es nuestro
barco”. Lo observamos, y es un galeón de varias cubiertas. Al
parecer, regalo de nuestros amigos españoles.
Llegamos al muelle donde esta el navío, y nos quedamos de cara a
ellos. Les decimos:”Bueno, aquí nos despedimos. Esperemos que
nos volvamos a ver, os queremos”. Luego de esto, los abrazamos,
y les vemos como se van en la distancia, mientras unas lagrimas salen
de nuestros ojos. Nos las secamos, nos damos la vuelta, y miramos
hacia el oeste, hacia Atenas, y decidimos que ese sera nuestro
próximo objetivo, nuestro próximo bastión a derrotar. Aunque mi
marido, vira un poco la vista hacia Esparta, y la mira muy
desafiante. Eso significa una cosa, el quiere conquistar esa antigua
polis griega. En eso, cae la noche en El Pireo, asi que nos
disponemos a buscar un lugar donde pasar la noche y cenar algo, ya
que estamos muy hambrientos del viaje. Nos esperan días de batallas.
Mañana seguiré.