viernes, 22 de enero de 2016

Memorias de un Superviente(Dia 73)

Hoy son las seis y media de la madrugada del dieciseis de diciembre del 2.036.
Hoy nos hemos levantado todos con ganas de emprender nuestro viaje a America, sera largo y no falto de peligros acechando entre las sombras. En este viaje ayudaremos a gente que lo necesita, gente que viven en la desesperacion de no saber si volveran a ver un nuevo dia. Nosotros iremos alli, a donde viven, a donde sufren, para enviarles la fe en que todo esto acabara, que volvera a resplandecer el sol en estos dias tan sombrios para el mundo, que la oscuridad no volvera jamas, puesto que solo esta en este mundo para que desaparezca. No habra victoria de los ostigadores de la paz y la prosperidad, solo tormento y desasosiego.
Salimos de nuestra aldea y empredemos nuestro viaje, nuestra travesia, hasta el puerto de Ostia, donde nos embarcaremos en un barco rumbo hacia las costas españolas, y alli cogeremos un barco en el puerto de A Coruña, para ir rumbo a Mexico, donde encontraremos a Rocio y a Guadalupe y las llevaremos con nosotros. Pero primero nos esperan unos cuantos dias de travesia por los campos italianos hasta llegar a Roma. No sera un camino facil, hay muchas montañas que subir, muchas aldeas que veremos, algunas seran enemigas y deberemos ir con cuidado y cautela. Tambien nos encontraremos con bestias, algunas hostiles, otras, amigas.
No nos debemos de confiar en el tiempo que, por alguna extraña razon, nos es favorable, hace sol y apenas hace frio, porque puede cambiar en cualquier momento y volverse tempestuoso, frio casi gelido, inclemente con aquel aventurado e intrepido ser que pretenda atravesar sus altas cumbres, sus profundos valles, o sus oscuras cuevas. No, no debemos confiar en el, porque tal vez algun brujo o ser de extremado poder, no estara esperando para obstaculizar nuestra mision, para que fallemos y que la oscuridad pura y sin rastro alguno de luz, se adueñe de este mundo y de los corazones que hay en el, en su inmensidad.
Cuando empieza atardecer, establecemos un campamento para pasar la noche. Nos hemos traido algo para dormir, unas mantas tejidas por las gentes de la aldea antes de que nos marcharamos. Las armaduras nos pesan ahora que estamos cansados de la caminata que hemos hecho hoy. A un lado se ve un rio y cogemos algo de agua para los caballos y para nosotros
Luego la noche cae y encendemos una hoguera y cenamos, contamos algunas cosas de nuestra vida pasada antes de la guerra y dormimos.
Yo tambien me ire a dormir, estoy agotado. Mañana seguire.

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