martes, 29 de marzo de 2016

El Convento de la Lujuria(Capitulo II)

Entrando en la oscuridad
  Ha empezado un nuevo día en Viena. Hace frio, el sol solo se puede ver como un disco luminoso blanco, pero difuminados los bordes por las nubes que se extienden por el cielo de la capital austriaca. Tiene aspecto de que vaya a nevar en cualquier momento. En la pensión donde se hospedan Baalberoth, Belial y Kristine, solo se pueden calentar por una pequeña chimenea que hay en la sala de estar. En el resto de la casa hace mucho frio, casi parece que estén en la calle, en vez de bajo techo. Belial y Kristine están todavía en la cama, tienen mucha pereza por salir, ya que no quieren sentir el frio que hay fuera, así que están abrazados el uno al otro, para darse calor.
Se sienten muy cómodos ambos al sentir el uno el cuerpo del otro, al sentir el calor corporal de sus cuerpos y la fricción de las pieles de los dos amantes pecaminosos. Se están besando todo el rato, se nota que se aman, puesto que esos besos no son de lujuria, son mas bien tiernos, como si no necesitasen mas que eso para mostrar al mundo el amor impuro, pero, al mismo tiempo, muy puro, puesto que no necesitan palabras para saber que es lo que uno necesita del otro, solo lo sienten como si siempre lo hubieran sentido. No hay duda, a pesar de la enorme diferencia de edad de los amantes, se aman, son dos rebeldes, pero no rebeldes políticos, son algo mas profundo, son rebeldes en el amor.
Pero esa ternura, al sucederse las caricias, los besos, los abrazos, se convierte en un deseo irrefrenable por sentir algo mas que el calor del otro, tambien sentirlo todo él. Esta vez el que tiene, en principio las riendas de la situación es Belial, que dirige su mano hacia los pechos de Kristine, para jugar con sus pezones, a pellizcarlos, para ponerlos mas duros de lo que ya están a causa del frio y la excitación del momento. Luego, lleva a su boca el pecho izquierdo de Kristine y lo empieza a lamer suavemente, mientras que ella se estremece de placer por los juegos que hace la lengua de su infernal amado en su pecho. Con la mano que le queda libre al demonio, masturba a Kristine, la cual empieza a no aguantarse los gemidos, los jadeos ya estaban presentes.
Kristine no puede aguantar mas y con su mano, agarra el pene de Belial y lo empieza a masturbar, primero, lentamente, para ir acelerando el ritmo, haciendo que el demonio empiece a gemir tambien. De repente, y sin mayor reparo, le empieza a lamer su pene y a besarlo en el glande, aparentemente, de forma tímida en un primer momento, pero luego de forma totalmente ansiosa, como si lo desease siempre, como si fuera un deseo irrefrenable, una pasión tan descubierta, que no pudiese ocultarla a nadie. Acelera cada vez mas el ritmo del sexo oral que esta practicando en ese momento.
Belial, desea tambien hacerla disfrutar a ella con su lengua en su entrepierna, así que adoptan una posición donde ambos se estén practicando sexo oral mutuamente. Él coloca su cabeza entre las piernas de ella, mientras ella, se coloca encima pero a la inversa de él, para que él, pueda jugar con su lengua en su clítoris, haciéndola disfrutar de la magia que es el sexo oral. La lame el clítoris de forma casi posesiva, aunque sabe que, en ese momento, nadie le va a quitar el dulce néctar de saborear los fluidos que desprende su amada entre sus piernas a causa de la situación tan morbosa, y erótica, que su amado la esta ofreciendo.
Luego de un rato de estarse saboreando mutuamente, deciden cambiar de posición, esta vez no va a ser Belial quien este encima como el día anterior, esta vez sera Kristine la que tenga tal honor, así que, se incorpora y va introduciéndose el pene de su amante del Averno en su vagina poco a poco, sintiéndolo a cada centímetro. Esta ahora sintiendo como si una explosión de placer le invade todo su cuerpo, aun de una muchacha de diecisiete, pero que ya esta muy acostumbrado a las artes amatorias de otros pretendientes, pero esta vez, no es un arte amatoria cualquiera, es la de un demonio, la mano derecha de Lucifer, que esta enamorado de ella, y ella de el, llevándolos a un estado de éxtasis, de desenfreno sexual. Van cada vez mas rápido los movimientos, llegando a un frenesí que termina en un gran orgasmo.
Se tumban el uno frente al otro, cuando llega Baalberoth y dice en tono gracioso:
-Parejita, levantaos ya, que si no, llegaremos tarde a casa de tía Lilith, y ya sabe Belial como se pone cuando los invitados llegan tarde-
-¡Es verdad! ¡Se me olvidaba que teníamos una reunión con ella!-Dice Belial.
-¿Quien esa tal Lilith y por que la llamáis “tía Lilith”?-Pregunta Kristine extrañada.
-Déjame que te lo explique, aunque aquí Baalberoth y yo, seamos amigos, en el infierno somos hermanos. Lilith es la esposa de nuestro tío Asmodeo, el demonio del deseo carnal. Nosotros somos nietos de Lucifer, y nuestra prima es Rosier, la reina de los incubos y sucubos, los hijos de nuestros tíos. Aunque, digamos que, tanto Baalberoth como yo, tuvimos una relación “especial” con Rosier- Le explica Belial.
-¿Como que “especial”?-replica Kristine.
-Que tanto tu amado Belial como yo, tuvimos una relación incestuosa con ella, lo cual es algo muy típico entre demonios. Pero, no te preocupes, mi hermano es el demonio mas fiel que conozco, así que has tenido suerte, porque el, según me dijo, esta profundamente enamorado de ti, nos hablaba a todas horas de ti al resto de demonios, de una mujer joven que era mortal que la veía en sueños y quería conocerla. Hasta Rosier siente celos de ti, porque, según ella, ¿Como una mortal va a rivalizar con ella en belleza?-Dice Baalberoth intentando terminar con la conversación.
Se levantan corriendo y desayunan deprisa, en unos momentos, llegara un carruaje que los llevara a la estación del tren, y, de allí, irán a Rumanía, donde los recibirá Lilith, aunque en este mundo responde al nombre de Elizabeth Tepes, según dicen, es la nieta, por parte de madre, de Erzebet Bathory, y por parte de padre, de Vlad Tepes, aunque no hay pruebas de que eso sea cierto, pero si que las hay de que, ella, lleva a cabo ritos vampiricos en su castillo en las laderas de los Cárpatos, para así, mantenerse joven y bella para su marido, que tiene un apetito sexual casi insaciable, teniendo bastante gusto por las demonios mas jóvenes, por las sucubos con las facciones mas juveniles.
Se meten en el carruaje, y en cuestión de una hora y media llegan a la estación del tren, es una estación mas grande que la Kristine había visto en Dánzig, aunque se la nota el marcado estilo austriaco, parece del imperio romano, pero con la clásica sobriedad austriaca. Tiene referencias continuas a los mas importantes compositores de esas tierras, aunque en esos tiempos, quienes dominaban los oídos, y las almas, de todos eran los alemanes Wagner y Beethoven, el italiano Paganini y el francés Chopin. Entran y se dirigen al anden donde esta el tren que los llevara a Rumanía.
Pasan los días metidos en ese incomodo y apestoso tren, en el que solo se pueden dar caricias, abrazos y besos los amantes, y enamorados, blasfemos. Hasta que llega la noche y se tienen que ir a sus habitaciones, porque al ser un viaje muy largo, tienen derecho a estar en una de las habitaciones de los primeros vagones. Llegan a la habitación que les ha tocado, cierran la puerta rápido, bajan las cortinas y se besan apasionadamente. No podían aguantar mas, el deseo les mueve y la pasión les domina. Se arrancan las ropas y se vuelven a besar, esta vez, Belial la da la vuelta y la da un beso en el cuello por detrás. Baja por la espalda de Kristine, hasta llegar a su culo, y empieza a hacerla un beso negro, pasando su lengua por el ano de ella. Luego, la penetra con los dedos, hasta que considera que se ha dilatado lo suficiente.
Kristine, en un estado entre de excitación y miedo dice:
-¿Que me vas a hacer?-
-No te preocupes, no te va a doler, si me dejas hacer-Dice confiado.
Entonces, poco a poco, va introduciendo su pene en el ano de la jovencita. Al principio, la duele, porque nunca lo había hecho de esa forma, pero el dolor se fue convirtiendo poco a poco en placer y empieza a gemir, a jadear, a gritar. Hasta que, de repente, Belial la dice:
-¿Quieres realmente unirte a mi?-
-¡Si! ¡Si quiero!-Ella dice excitada.
En ese momento, el la muerde en el cuello, se saca una daga y se raja la muñeca. La ofrece que beba de la herida. Aunque al principio ella se resiste, luego bebe de la herida con autentica pasión y anhelo. El mientras sigue penetrándola analmente, esta sonriendo, porque sabe que, al hacer ese rito vampirico, ella se ha transformado en su reina de los infiernos de una vez por todas, es decir, ella ha abandonado a Dios del todo y se ha unido a las fuerzas infernales, transformándose en la esposa de Belial, en su esposa eterna, en la esposa que siempre tendrá. Ademas, el tambien sabe que ella siempre va estar igual de hermosa que en ese mismo momento, puesto que lo que ellos, los demonios llaman “Disciplinas”, que no es otra cosa que sus poderes, la mantendrán igual que cuando Belial la conoció.
Siguen en ese frenesí erótico, donde los gritos, jadeos y gemidos, invaden la habitación con su sonido. Ahora cambian de posición, pegando la espalda de Kristine en la pared de la habitación y acelerando el ritmo. Ya no la penetra por el ano, ahora lo hace por su vagina, pero a una velocidad enfermiza. Esta vez, Kristine, antes de que su infernal esposo eyacule, se separa de el, y le empieza a comer el pene, cargándose de una pasión desenfrenada y de un deseo inaguantable. Esta muy caliente, tiene los pezones duros y ella mientras le practica sexo oral a su amado, se esta masturbando. Finalmente, los dos llegan, el por el sexo oral, ella, por su masturbación.
En ese momento, caen rendidos, exhaustos, por lo que han hecho esa noche, una noche donde Kristine, ya no es esa chica de diecisiete años que entro en el convento, ni siquiera es la chica que se dedicaba a seducir a a hombres muchísimo mayores que ella, a cambio de algo de dinero para pagarse sus caprichos, los cuales no eran baratos. Esta vez, ella se ha convertido en algo mas, mas oscuro, se ha convertido en una duquesa infernal, en la esposa de todo un demonio que, como el sabe, la amara por y para siempre, puesto que es el amor que buscaba en todas sus encarnaciones en el mundo terrenal.
Durante la noche, ella tiene unos sueños rarisimos, sueña que Belial mataba a unas personas, mientras ella estaba luchando a su lado, parecía como una guerra, pero no una guerra como las que acostumbrada a oír noticias en su entorno. Esta vez, era como una guerra como la que le contaban de pequeña, donde hombres vestidos con pesadas armaduras, y armados con espadas, luchaban hasta la extenuación. Belial, en ellos, estaba en una presencia imponente, como si fuera el líder de uno de los ejércitos que se enfrentaban, mientras ella vestía con una cota de malla y portaba una espada que parecía una falcata.
Se despierta de un sobresalto y Belial la pregunta preocupado:
-Kristine, ¿Que te pasa? ¿Que has soñado?-
-Belial dime ¿Se acerca una guerra?-Ella dice asustada.
-Amada mía, te tengo que decir una cosa. Esa guerra con la que has soñado, es la guerra que ocurrirá entre los siervos de ese tirano que es Dios, y nosotros, los seguidores y la familia de Lucifer. Los teólogos cristianos lo denominan el “Armageddon”, la ultima gran guerra. Es un ajuste de cuentas que tenemos los ángeles exiliados, o caídos, con los que habitan en los cielos, mas concretamente con uno, con el mismísimo Dios. Por cierto, no eres la única mortal a la que un demonio la transforma, Lilith, la esposa de Asmodeo, tambien lo es. Ella, en un principio, era la primera esposa de Adán, pero al rebelarse a Dios, fue expulsada del paraíso, y fue encarcelada cerca del Mar Rojo, donde conoció a Asmodeo, quien la convirtió en su esposa, al igual que yo hace unos momentos te he convertido a ti. Otra cosa, aunque Rosier, mi prima, sea la reina de los incubos y sucubos, ella no los comanda, es Lilith, porque ella, junto a Asmodeo, son los padres de esos demonios del deseo carnal e impuro. Yo, no soy como ellos, podre alentar rebeliones, guerras, todos los desastres políticos que quieras, pero a la hora de amar, amo de forma pura y sincera, es lo que me define, apasionado por todo, incluso en el amor, y yo, mi esposa infernal, te amo, te quiero, te deseo de mil formas posibles-Dice todas estas palabras de forma sincera.

Finalmente, ellos vuelven a dormir, esta vez, Belial, la abraza muy fuerte, para que ella no tema nada y se sienta segura, porque mañana, sera un día muy largo e intenso para ellos. En cuestión de un cuarto de hora, ambos se quedan dormidos, a la espera de un nuevo día.

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