Capitulo XXIII: La muerte de un inmortal
Kristine, los crononautas y los aprendices siguen rumbo a la
cabaña que Kevin conoce y en donde se ocultaran por el resto de sus
días, ademas de ser el hogar donde los bisabuelos de Eric y Erin,
tendrán su infancia, su adolescencia y parte de su adultez hasta que
decidan iniciar sus propios caminos. Están agotados, llevan varias
noches solo durmiendo unas cuantas horas, pero no las suficientes
como para descansar adecuadamente. Se les nota en sus caras, parecen
mas unos vagabundos itinerantes esperando a que alguien les de un
refugio donde reposar y mantenerse calientes, que unos aristócratas
que vienen del continente, dispuestos a cambiar el rumbo de la
historia, una historia cada vez mas difícil de comprender para
todos.
Pero, hay una pregunta que todavía se hacen y todavía no han
hallado una respuesta que les convenciese demasiado. Esa pregunta era
de donde venia la orden, mas bien, cuando se originó, porque se ha
hablado mucho de donde vino, pero nadie sabe a ciencia cierta, si eso
que se ha dicho es cierto. Aunque ahora no es momento para hacer
dichas investigaciones, el camino aun es peligroso, están inmersos
en un bosque muy frondoso, casi no se ve mas allá de los que hay a
unos metros de ellos, imposibilitando el poder ver con claridad, la
situación exacta de la cabaña, de su destino, de su refugio.
Kevin, sabe donde esta, el ha vivido en ella mucho mas tiempo que
los demás creen, puesto que, durante mucho tiempo, este fue su
refugio para escapar de su familia, viviendo solo, cazando algunos
animales pequeños para poder comer, recolectando algunos frutos que
le daba ese bosque, los cuales eran algunas moras, grosellas,
frambuesas, fresas, tal vez alguna zanahoria, manzana, pero todo,
hasta las hojas de los arboles, eran alimentos suficiente para el. A
decir verdad, tambien tuvo que aprender algunas técnicas agrícolas
y ganaderas para sobrevivir, porque era eso, o vivir con una familia
que lo único que era bueno de ellos es que aun mantenían su casa
sin que el banco, o el estado, se la embargase, debido a los vicios
de sus padres.
En los Brennan, llevan en la sangre, en los genes, la supervivencia
grabada a fuego en ellos, porque lo que hizo Kevin, a Eric, le
recuerda lo mismo que hizo el cientos de años despues, solo que, en
vez de escapar de una horrenda familia, escapaba de unos monstruos y
de una orden que le acechaban entre las sombras, ademas de que tenia
que proteger a su familia de los mismos que le perseguían a el.
Este, ya no es mundo seguro para nadie de los que están en ese
bosque que, en esos momentos, parecía un lugar mucho mas seguro que
cualquier ciudad , pueblo o aldea que había en aquella época.
Cuando llegan a esa cabaña, algo les resulta familiar a Eric y a
Erin, parece como si hubieran estado allí antes. Entonces, antes de
entrar en la cabaña a descansar, recorren los alrededores de la
misma y se dan cuenta de una cosa, esa cabaña es donde nacerá
Oidreacht, es la cabaña de la que tanto el padre de Eric hablaba de
ir cuando las cosas se pusieran difíciles, aunque ahora sabe el a
que se refería su padre cuando decía lo de “difíciles”.
Entonces entran y se dan cuenta que es cierto, es la misma cabaña
donde ellos construirán la capital de la Orden, dentro de unos
cientos de años despues.
Cuando llega la noche, mientras cenan, oyen como alguien llama a la
puerta y grita con voz ahogada:
-¡Kristine!¡Soy yo, Belial!¡Ábreme, por favor!-.
Eso hace que todos salgan hacia la puerta y la abran con rapidez,
viendo a Belial bajo la apariencia de William Coleridge. Entonces,
Kristine, llorando dice:
-¿Que te han hecho, Belial?¿Que te han hecho esos malnacidos?-.
-Mi amada Kristine, quería disculparme contigo y con Eric, antes de
exhalar mi ultimo aliento. No quiero decirte lo que me han hecho,
porque te aterrorizaría-Dice débilmente Belial.
-¿Por que te disculpas Belial?-Sigue entre sollozos Kristine.
-Mi amada Kristine y mi yo del futuro, Eric, he sido un completo
estúpido. Si te hubiera hecho caso, Eric, ahora no estaría aquí, a
punto de morir, por mis ambición y mi orgullo, y tu y yo, Kristine,
ahora seriamos felices-Sigue ahogándose Belial.
-Belial, deja que ahora me disculpe yo. No debí haberte hablado asi,
de esa forma, no estaba en situación de hablarte asi. No soy tu
padre, el es Astaroth, y si te viera lo que acabas de hacer, lo mas
seguro estaría orgulloso de ti, un hijo que es capaz hasta de
sacrificarse por todos, con tal de liberar al mundo de Abaddon. Al
final es cierto lo que me dijo Morghegera despues de que te fueras,
tu y yo, compartimos una cosa en común, aunque no te lo creas, y es
que ambos deseamos completar nuestro cometido, aun sacrificándonos,
aun arriesgándonos a morir en el intento. No, Belial, no tienes que
disculparte de nadie, todos hemos sido orgullosos alguna vez, todos
hemos deseado mas poder, aunque algunos hemos logrado reprimir ese
deseo, solo que tu, esta vez, te dejaste llevar por ambos y
erraste-Dice Eric, sintiendo pena por Belial y mirando a Kristine,
quien abraza a su amado, llorando desconsoladamente.
En ese momento, Belial, exhala su ultimo aliento y fallece. Kristine
no sabe que hacer, su mundo, se ha ido con su amado, es como si su
corazón dejara de latir, como si sintiera una gran presión en el
pecho. Ya no quiere seguir viviendo, asi que va rápido a la cocina,
quiere rajarse las venas y dejar de vivir, el mundo para ella, ya no
es nada, si no esta Belial en el. Agarra el cuchillo que se utiliza
para cortar el pan, y se hace varias rajas en el brazo, se desangra
lentamente y esta teniendo la mas dolorosa de las muertes que podían
existir, pero para ella, todo dolor es poco, comparado con el que
siente ahora que su amado Belial, ha fallecido.
Después de unos momentos, donde Eric y Erin gritan buscando ayuda,
nadie llega, nadie les oye, incluso, aun apareciendo algunos por
allí, no se paran, siguen su camino. Parece como si nadie sintiera
nada de lastima por ellos, como si fueran zombies que solo sirven a
sus amos, Kristine, tambien fallece, haciendo que los únicos que
queden con vida en esa cabaña, sean los crononautas y los
aprendices. En ese momento, aparecen dos maestros, Ferith y Deirdrin,
los cuales, miran a los crononautas, por un momento, con mirada de
que han cumplido parte de su misión, de eso para lo que han nacido.
Entonces uno de ellos dice:
-Crononautas, es hora de volver a casa, ya habéis hecho lo que
teníais que hacer. Sera cruel, pero debía ocurrir-.
Capitulo XXIV: En el hogar de los elegidos
Después
de las palabras del maestro, de Ferith, los crononautas, caen en un
raro sueño. Pero cuando ser quieren dar cuenta, han amanecido en una
cama que, al principio, no saben de quien es, pero que al mirar un
poco mas, se dan cuenta que es su cama, que es su hogar done acaban
de despertar, aunque tambien sienten que lo que han vivido, en esa
época, en el siglo XIX, es cierto, porque tambien recuerdan esos
momentos que han presenciado al viajar en el tiempo, como si fueran
ecos de un lejano pasado, pero, para ellos, los sienten como ecos
cercanos, como si lo hubieran vivido hace pocos días.
Entonces,
aparece un mujer, que aparentemente es de mediana edad y les dice
riéndose:
-Papa,
mama, levantaos dormilones, que parece que habéis dormido durante
cientos de años.¿Acaso no veis el precioso día soleado que hace y
vosotros en la cama aun?-
-Perdona
Shannon, es que tus padres, ya tenemos una edad, que ya no somos
aquellos jóvenes que eramos hace unos años-Se ríe Eric.
-No
pasa nada, solo que me teníais preocupada por lo que dormíais.
Ademas, tenéis que ir a jugar con vuestros nietos,¿Recordáis?-Habla
Shannon.
Shannon,
durante los años siguientes a las guerras con Siobhe y con Abaddon,
volvió a Italia, para reencontrarse con su amor de la niñez, Henry
Svensson, el cual, cuando lo encontró, era un joven de casi veinte
años con una melena castaña y unos ojos azul verdosos que la
seguían enamorando, aun despues de haber pasado varios años despues
de la ultima vez que se encontraron, unos días antes de partir ella,
con su familia, hacia América, para rescatar a esas almas que
andaban en peligro. Ahora ellos tienen treinta y cinco años y viven
maravillosamente en Oidreacht, con sus tres hijos, Fergus, Althelstan
y Eric-Brannagh, y su hija, Erin-Mairead. Han unido sus apellidos,
con lo que se llaman la familia Svensson-Brennan, aunque Shannon ha
mantenido su apellido, por expreso deseo de ella.
Ahora
se inicia una nueva era para el mundo, ya no hay rastro de los
traidores, pero la mente de Shannon esta intranquila, al igual que la
de su amado, Henry. Algo se mueve aun entre los pocos seguidores de
los traidores de Abaddon y Dios, parece que el mal, aun sigue por
ahí, reorganizándose. Hay rumores que dicen que uno de los hijos
incestuosos que Siobhe y Abaddon, tuvieron, ahora clama venganza por
la muerte de sus padres y esta organizando un ejercito con el que
quebrantar la calma, la paz y la prosperidad de la vida de los que
vencieron en las guerras que allí sucedieron, unas guerras que
dejaron devastado el mundo, debido a la crudeza y el salvajismo que,
en ellas, ocurrió.
Algunos
de los que hacen correr esos rumores, dan un nombre. Se llama,
Egertog, según esos rumores, nació hace unos treinta años en
Egipto, y busca la forma de devolver el poder a los seguidores de su
padre y de su madre, aparte de vengarlos, ya que el sabe
perfectamente que, Erin y Eric, fueron los que provocaron sus
muertes. Ahora tiene una familia con una de las aristócratas de
allí, algunos rumorean que se trata de Lerapena, que vive ahora bajo
la apariencia de una faraona de cuarenta años, pero que en realidad
tiene mas de mil años, que hace que Egertog, parezca todo un
muchacho al lado suya.
Pero
esta, ya no sera una guerra que deban librar Erin y Eric, ellos ya
gozan del llamado por los Arganthios, “El descanso de los héroes”,
el descanso que Erhacos I y Ergya, gozaron, antes de volverse en
seres completamente espirituales. No, esta guerra no la libraran
ellos, la libraran Henry, Shannon y Sheamus, y esta guerra no se sabe
aun como sera, porque todavía Egertog, no ha hecho acto de
presencia, todavía no se ha mostrado ante el mundo. Aunque muchos
piensan que ya tiene un pequeño ejercito al este del Estrecho del
Bosforo, dispuesto a atacar en cualquier momento, a la mínima señal
que el de para atacar.
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