Día XXXIX
Día
13 de agosto del 2.061 a las 6:30 a.m.
El
día se ha levantado con neblina, producto del excesivo calor
veraniego que ha evaporado grandes cantidades de agua marina. Hace
mucho calor, bochorno diría yo, haciéndonos que se nos peguen las
ropas y que sudemos, teniendo que beber, aun estando en un lugar
húmedo, mucha agua, para evitar que nos deshidratemos. No queremos
morirnos de sed innecesariamente, eso le daría aliento a Egertog y a
los suyos, ya que estaríamos débiles para ponerle resistencia. Mi
marido ahora esta tumbado sobre la cama y, al igual que yo, le cuesta
moverse, como si le pesaran las ropas que lleva puestas. A pesar del
calor húmedo que hay en el ambiente, debemos levantarnos, para
ocuparnos de nuestras responsabilidades como lideres de todo esto,
aunque a mi no me gustaría tener todo esto, este poder, es una vida
demasiado complicada, pero debo de hacerlo, no por esto que ahora
lidero, sino para darle a mis hijos, un futuro libre de violencia e
injusticias. Ahora mis hijos, siguen durmiendo, apenas pudieron
dormir anoche.
Me
levanto, y miro por la ventana que da hacia el este de la fortaleza,
oteando el horizonte, y pienso:”Egertog, muéstrate ya de una vez,
no pospongas tu fin”. Ahora estoy con una mirada reflexiva, hay
tantas cosas en mi cabeza, tantos misterios, el que mas me intriga es
que aun mi padre, no se atreve a hablar conmigo de lo que paso cuando
viajo en el tiempo o de lo que descubrió allí. Algo lo atormenta
demasiado, hasta cuando estuvo en esa sala, mirando las pinturas de
Brannagh o de Belial, le temblaba la voz. Ellos tienen que ver con
esto, ellos con alguna cosa que les rodea. Tengo que descubrirlo,
aunque le duela a mi padre, tal vez sea algo muy importante para todo
esto. Así que, me decido a ir a hablar con el, eso que le inquieta,
debe salir a la luz de una vez por todas. Debo atravesar varias
calles de la fortaleza, ya que mis padres están viviendo en unas
calles del norte de la fortaleza, muy cerca del puerto, típico de mi
padre, le gusta observar el mar desde la ventana, o vivir en las
montañas.
Cuando
me dispongo a salir, aparece de nuevo el anciano de la fortaleza en
los Alpes, es que me dijo esas palabras con las que descubrí la
realidad de mi marido. Entonces, el me mira, esta vez su mirada es
mas solemne que la anterior vez, y me dice:”Lo que tu mente busca,
no lo encontraras en tu padre, tendrás que ir al antiguo oráculo
del mundo, mas allá de estas llanuras. Donde el inspirado músico
divino de los antiguos tiempos, ofrecía sus saberes y su visión, de
locuras para los meros mortales, pero de cuerdos para los olímpicos”.
Entonces, yo le pregunto:”Anciano ¿Cual es tu nombre?”, el con
voz imponente, muy imponente para su edad, me responde:”Soy el que
una vez llamasteis Amergin, en tu tierra natal, Myrrdin en Gales, o,
si lo prefieres, Merlín. Soy un semidemonio, fui producto de la
unión entre un mortal y una sucubo. Aunque nunca hable con tu padre,
si que conozco su historia, y el oráculo sabe mas de el que yo”.
Con estas palabras, desisto de ir a ver mi padre. Mi destino en mi
próximo viaje, el Oráculo de Delfos. Mañana seguiré.
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