Día
LXXXVII
Día 27 de septiembre
del 2.061 a las 6:30 a.m.
Nos hemos despertado con el
ruido de las pisadas de alguien, de dos personas concretamente.
Pensamos que es algún merodeador a las ordenes de Egertog, asi que
salimos en silencio y con mucho sigilo para tenderles una emboscada y
apresarlos, para sacarlos informacion. Cuando llegamos a su posición,
y estamos a punto de abalanzarnos sobre ellos, Silvilia nos
detiene:”Bajad las
armas, son mis leales servidores, Corlaunos y Lereana. Si bien fueron
leales a Abaddon, lo traicionaron, en su búsqueda de poder, y no os
extrañéis, en la epoca de que ese violador, y asesino, gobernaba
todo lo que ahora gobierna ese bastardo de Egertog, tambien había
disputas de poder, y estos siervos, quisieron tener parte de ese
poder. Ahora, al igual que yo, andan como proscritos, nadie los
quiere en el imperio de Egertog, y comprendo que en el vuestro, aun
menos, por ser un recuerdo de un pasado terrible, pero son mis
servidores, asi que me acompañan”.
Nosotros, aunque a regañadientes,
aceptamos eso y continuamos nuestro camino, aunque miro a mi hermano,
el cual me adivina que quiero que los vigilen bien de cerca, puesto
que oí a mi padre hablar de ellos, y no precisamente bien. En
definitiva, no me fio de ellos. Estamos apunto de llegar a el Olimpo,
y empiezo a ver a las dos comitivas reales de mis aliados, y futuros
hermanos, en esta campaña. Erhacos, rey de los pleyadianos, y
Mor-Argbarth, rey de los espectros, que ahora caminan juntos como si
todas las rencillas del pasado, hubieran quedado resueltas. Nos
reunimos en la base de la montaña, y subimos juntos hasta una cueva
que allí se abre, una cueva que perteneció a los pleyadianos, y que
la usaban como lugar sagrado. Entramos en la cueva, y observamos al
fondo, un altar y una figura. Entonces, Erhacos, me dice:”Ese
es el primer pleyadiano en este mundo, Tor-Unnuos, tu antepasado,
Iridhrial II”. En ese
momento, empezamos el ritual de la limpieza de sangre.
Primero, mi abuelo toma un cáliz
que hay allí, y vierte un poco de sangre de su brazo, de una herida
hecha con una daga, y recita una letanía que yo no logro entender
muy bien, a pesar de entender el idioma. Luego, se la ofrece al rey
espectro, que la bebe hasta la ultima gota. En ese instante, posa mi
abuelo su mano en la frente del espectro, y recita otra, esta mas
corta, pero igual de incomprensible. Mientras lo hace, veo que el
espectro, y todos los otros espectros, comienzan a adquirir un cuerpo
mas definido, a sentir que tienen cuerpo. De repente, una nube
oscura, se apodera de la estancia, y sale por la cueva, hacia el
exterior. En ese momento, el rey espectro se derrumba, cae al suelo y
se levanta, y ve como sus viejas ropas, ahora son rellanadas por un
cuerpo definido. La oscuridad que tenia, ya se ha ido, ahora solo
queda su luz. Viene mi abuelo y me dice:”Si
no has entendido nada, es porque he hablado en pleyadiano antiguo, un
idioma que no dominas”.
Maña seguiré. Sera el día de la unión de los reinos.
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