sábado, 30 de septiembre de 2017

El Legado del Superviviente(Dia CX)

Día CX
Día 20 de octubre del 1.861 a las 4:30 a.m.
Nos hemos despertado varias veces en la noche, se que debería estar durmiendo unas horas mas, pero los asientos del tren, los ruidos que se suceden dentro del mismo, y las palabras que, tanto Rosier, como Astartea, nos dijeron, aun retumban en mi cabeza. Mi mente, ahora dominada por el insomnio, empieza a formular todo tipo de teorías, desde las mas ligeras y bonitas, hasta las mas oscuras y tétricas. No se en que creer, unas veces pienso que tuvieron alguna discusión fuerte entre hermanas, y que Rosier se siente culpable por eso, o que, la misma Rosier, tuvo algo que ver con el secuestro de Kristine. Mientras escribo esta lineas, torpemente escritas por mi cuerpo exhausto del día anterior, pienso en como estaremos alterando los acontecimientos, en que si fue buena idea volver a este momento del tiempo, pero estamos en una misión, nuestra misión, y debemos terminarla, no solo por la guerra, tambien por nuestra familia, necesita paz en su sangre, necesita que, sus manchas, sean limpiadas. Esto, lo hacemos por la familia Brennan, por la familia Coleridge, nuestra familia.
Ahora esta amaneciendo en el tercer día que llevamos aquí, miro a mis compañeros de viaje, a mi hermano, a mi marido, a Rufus Svensson, ellos ahora duermen, mientras yo velo su sueño, creo que hoy me iré mas temprano a dormir. El primero que se despierta es mi hermano, aunque, al parecer, tampoco durmió mucho, tal vez se despertaría cuando yo estaba durmiendo. Luego, mi marido, quien tampoco tenia signos de haber dormido especialmente mucho. El ultimo, Rufus, el durmió algo mas que nosotros, por lo que se ve. Nos vestimos, y nos fuimos a desayunar, algo fuerte, para aguantar todo el día despiertos, ya que no habíamos dormido mucho. Mientras desayunamos, se acercan Rosier y Astartea, la cual dice con tono casi autoritario:”Hermana, diles lo que querías decirles, pero que el alcohol te impidió”. Entonces, Rosier, presa de la vergüenza y la pena, nos confiesa con voz temblorosa:
”Vereis, yo oí a Lerapena, a Morghegera, a Andromeda y a Abaddon, un día en una taberna de Salzburgo a la que solia ir yo para captar a nobles para seducirlos, que iban a secuestrar a mi hermana, a Satanachia. No se como era su plan, pero a quienes se les veía mas entusiasmados, eran a Andromeda y a Abaddon, las otras, solo asentían de forma sumisa. Me siento culpable por no decírselo a mi madre, si no, ahora mi hermana, estaría aquí. ¡Soy una estúpida por tener celos de mi hermana!”.
En ese momento, rompe a llorar y nos levantamos los tres, mi hermano, mi marido y yo, y la abrazamos y la decimos que, cuando rescatásemos a su hermana, y nos encontrásemos con Belial, les explicaríamos todo, y que ya vera como, al final, ellos la perdonaran. Seguimos el trayecto, aun nos quedan unos días antes de llegar a Viena, son los inconvenientes de ir en los trenes de esta época. Mañana seguire.

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