Día CXII
Día 22 de octubre del 1.861 a las 6:30 a.m.
El día se ha levantado nublado, estamos en un pueblo cercano
a Viena, casi parece un barrio a las afueras de esa ciudad, en estos
tiempos, imperial. Así que apenas tardaremos en llegar a ciudad, por
lo que nuestra reunión con Belial, no se nos vera muy impedida. El
ya ha sido advertido de donde estamos, por lo que nos veremos muy
pronto. Solo debemos organizarnos para tal reunión, elegir bien el
día, puesto que, aunque sea una ciudad infestada sheghios y de
pleyadianos, saben bien Astartea y Rosier, que no estaremos solos,
que hay espías de Abaddon. Por lo que no podemos pensar tan a la
ligera nuestra reunión, seria peligroso tanto para Belial, como para
nosotros. Mientras el desayuno, pensamos que la mejor forma es que,
Belial y nosotros, nos veamos aquí, en Baden, cerca de Viena, es un
pueblo que no levantara sospechas, y que, por lo tanto, cuando
vayamos a la estación, ya iremos todos juntos desde aquí. También
hemos pensado que mantengamos las mismas identificaciones hasta salir
del Imperio Austro-húngaro, para no levantar sospechas, y que ya,
cuando nos dirijamos a nuestro destino, nos las cambiemos.
Acordamos que, nuestra reunión con Belial, sea esta noche, así que
enviamos a Astartea a que avise al demonio de la reunión. Lo
decidimos así, para que tengamos un cuartel general ya establecido,
y así no dar tiempo a Abaddon y a sus siervos de que nos localicen,
ya que sabemos que nos andan siguiendo desde el tren, y sabemos que
no dudaran en atacarnos, por eso, debemos salir cuanto antes de
Viena, para que les podamos sorprender en Danzig y que no tengan
capacidad de reacción alguna. Mientras comemos, y esperamos a
Astartea y a Belial, empezamos a idear nuestro plan para salir lo mas
pronto posible de esa ciudad. Así que decidimos no dormir mucho, y
salir bien temprano. Esto es debido a que queremos llegar a Berlin
con una semana de antelación, antes de que llegue Abaddon. Mientras,
también vamos preparando los víveres, los medicamentos, el agua, y
utensilios que usaremos, así como las armas, por si acaso se nos
presenta la ocasión que tengamos que defendernos de ellos. Tenemos
que tenerlo todo preparado para cuando nos vayamos. Es vital para el
éxito de nuestra misión en esta época.
Cae la noche, y vemos dos sombras caminar por las calles de este
pueblo, llegan a nuestra posición, y llaman a la puerta. Es
Astartea, y viene con un hombre que tiene apariencia de político
ingles de la época victoriana venido a menos. Entonces, Astartea,
nos lo presenta:”Amigos míos, os presento a mi primo, os
presento a quien buscabais, a Belial”. En ese momento, mi
hermano, con tono sarcástico dice:”Vaya, veo que lo que se dice
de ti, es cierto, demonio”, a lo que Belial responde a ese
tono:”Muchacho, no sabes con quien estas hablando, y no seré
yo, quien te lo muestre, no quiero que esto salga en las crónicas de
mañana por la tarde”. En ese instante, mi hermano dice
enigmáticamente:”Tal vez, tu no me conozcas, pero yo a ti, si,
y muy bien, guerrero infernal”. Mañana seguiré.